Henry Leonard Reynard, Enrique para los magallánicos, nació en Yorkshire en 1845. A los 21 años se fue a Argentina y en 1874 llegó a Punta Arenas, donde montó un aserradero con su socio James Dunsmure.
En 1877 le compró al gobernador Diego Dublé Almeyda las 300 ovejas que éste había traído de las Malvinas y las soltó en la isla Isabel, en medio del Estrecho. Nadie sabía si los animales iban a aguantar el viento y el invierno. Aguantaron. Hacia 1878 el ensayo se daba por exitoso y empezó la carrera por la tierra: en pocos años la estepa magallánica se llenó de estancias, sobre territorio indígena, y Punta Arenas pasó de colonia penal a capital de la lana.
Reynard fue vicecónsul británico desde 1879 y crió ovejas, vacas y caballos en la estancia Oazy Harbour, en tierras arrendadas al fisco. Cuando el gobierno las remató a comienzos del siglo XX, perdió la subasta y se trasladó a Santa Cruz, en Argentina. Murió en Inglaterra en 1919.
Cada estancia de Magallanes desciende, de algún modo, de esas 300 ovejas de la isla Isabel.