Diego Dublé Almeyda, artillero porteño, hijo de padre francés, hablaba idiomas y traducía manuales militares. Llegó a gobernar Magallanes en 1874 y siguió la línea de Óscar Viel: más inmigrantes europeos. En abril de 1875 inauguró a caballo una pequeña colonia franco-chilena en los campos cercanos a Punta Arenas, entre fogatas y gritos de «¡Viva Francia! ¡Viva Chile!».
En diciembre de 1876 cruzó a Stanley, en las Malvinas, a bordo de la corbeta Chacabuco. Volvió con 300 ovejas y se las vendió al británico Henry Reynard, que las soltó en la isla Isabel, en pleno Estrecho. El ensayo resultó, y con él partió el negocio lanero que haría rica a Punta Arenas.
Su mando fue duro. En octubre de 1877 se negó a aplicar un recorte de las raciones de la tropa, pero el descontento ya venía de antes. En la noche del 11 de noviembre se sublevaron los artilleros, con relegados: mataron a su capitán, incendiaron casi todos los edificios públicos y saquearon el pueblo. Dublé escapó por poco. Renunció a comienzos de 1878.
Después peleó en la Guerra del Pacífico y terminó como general de brigada.