Nunca vio Punta Arenas, pero está parado al medio de la ciudad. Magallanes era un navegante portugués al servicio de la Corona española. A fines de octubre de 1520 su flota entró al paso que buscaba en el extremo de América, y recién el 28 de noviembre salió al océano que él llamó Pacífico. Bautizó el paso como estrecho de Todos los Santos; después el mundo le puso su nombre.
El viaje fue duro para todos los que tocó. En San Julián, en la costa patagónica, sus hombres raptaron a dos tehuelches para llevárselos al rey: uno escapó y el otro murió tras negarse a comer. En el mismo Estrecho, la nave San Antonio se sublevó y volvió a España. Magallanes murió en la batalla de Mactán, en Filipinas, el 27 de abril de 1521, y solo la Victoria completó la vuelta al mundo.
En 1920, para el cuarto centenario, José Menéndez encargó el monumento de bronce de Guillermo Córdova que está en la Plaza Muñoz Gamero: Magallanes de pie sobre un cañón, sombrero en mano, con figuras indígenas en la base. El dedo que la gente besa es de una de ellas. Al norte de la ciudad, el Museo Nao Victoria tiene una réplica de su nave a tamaño real.