En el Punta Arenas de los años 1870 y 1880, todo el pueblo conocía a Papón. Era jefe aónikenk (tehuelche), hijo según la mayoría de las fuentes del cacique Casimiro Biguá, y hacia 1874 lo sucedió al mando de las familias que se movían entre el Estrecho y el río Santa Cruz.
Casimiro se había jugado por Argentina; Papón se volcó a Chile. El gobernador Diego Dublé Almeyda le dio el título de «Subdelegado de la Patagonia», con 50 pesos al año y raciones por tres meses para cinco parientes, y a cambio Papón le informaba quién se movía por la estepa. En 1875 Dublé reportó que los aónikenk ya no tenían relación alguna con el gobierno argentino, algo que le servía a Chile mientras se discutía la frontera.
El historiador Mateo Martinic escribe que Papón, como tantos de los suyos, cayó en el alcohol que traían los comerciantes, y que murió pobre y prácticamente abandonado. Un relato publicado en El Magallanes en 1929 cuenta que lo último que le quedaba era una boleadora, que vendió en tres pesos y que resultó ser de oro puro.